Doctrina Policial

FORMACIÓN INICIAL PARA POLICÍA PREVENTIVO

DOCTRINA POLICIAL

1. Introducción a la doctrina policial

1.1. Etimología y significado.

El vocablo español doctrina proviene del verbo latino “docere”, “doctum” (enseñar, enseñado), de acuerdo a su etimología doctrina tiene el sentido de enseñanza.

Doctrina en general es el perfeccionamiento de un conocimiento específico dentro del proceso evolutivo de una realidad determinada, en base al desarrollo y sustentación de teorías y principios cognoscitivos que al ser aplicados a un medio social prescriben programas de acción que orientados por una metodología adecuada y una estructura de creencias, principios y valores éticos compartidos por todos, posibilitan el hecho de alcanzar una finalidad concreta.

Es el conjunto de conocimientos ordenados en forma metodológica para logar el perfeccionamiento en una determinada materia.

Características de la Doctrina

– Toda doctrina persigue una finalidad, aspira alcanzar un propósito ideal que constituye una orientación permanente para la consecución de los fines.
– Está asociada a la investigación científica que exige presupuestos teóricos como punto de partida.
– Es el intento más elaborado de un fundamento teórico.
– Es colectiva, colegiada y corporativa, las acciones de un grupo, el programa de acción es el elemento de mayor connotación, es lo sustancial, no es posible estructurar una doctrina individual.
– Requiere de valores que tiene una naturaleza metafísica y una expresión correcta.
– Se desarrolla en una realidad donde existen objetos de diversa índole y son susceptibles de ser conocidos como cosas, hechos o fenómenos, instituciones.
– Toda doctrina estructura un cuerpo de teorías mediante el conocimiento del objeto teorizante, así como busca deducir principios y leyes que los vinculan con la realidad.

1.2. Perfil axiológico.

Hablar de perfil axiológico es referirse al conjunto de valores y virtudes que debe tener la persona que se dedica a salvaguardar la vida y la integridad de las personas, los derechos y libertades humanos, y el orden y la paz pública: El policía.

Valores:

– Dignidad humana: Consiste en que todo ser humano, por el hecho de serlo, constituye un fin en sí mismo al estar orientado a la realización de valores trascendentes. En consecuencia, el ser humano no puede ser tratado como un simple medio u objeto que se utiliza para lograr otras finalidades y se puede desechar cuando ya no sirve. Al valor de la dignidad humana corresponde una actitud de cuidado y respeto a la vida, la integridad física, los bienes y los demás derechos de toda persona. Por su vocación, el policía es un guardián de la dignidad de la persona humana.

– Derechos humanos: Son derechos que tienen todos los seres humanos por el solo hecho de serlo y que les permiten la realización de una vida digna. Es obligación estricta de la policía respetar los derechos humanos garantizados por nuestra Constitución Política en sus artículos sobres las garantías individuales.

– Respeto: El policía ha de respetar no solo a sus compañeros, superiores y subordinados, sino también a todas las personas a las que trata. Las ha de considerar como si fueran él mismo. El respeto a las personas no se opone al uso legítimo y proporcionado de la fuerza cuando es necesario para preservar el orden público y prevenir el delito. El respeto del policía se manifiesta no solo en la protección de los derechos humanos de todas las personas, sino también en la cortesía y en la disposición a servir a quien lo necesita.

– Tolerancia: Consiste en el respeto, la aceptación y el aprecio de la rica diversidad de las culturas de nuestro mundo, de nuestras formas de expresión y los distintos medios de ser humanos (UNESCO). Son contrarias a la tolerancia todas las formas de discriminación, burla o maltrato por motivo de raza, sexo, condición económica, religión o apariencia física, por ejemplo. El buen policía trata por igual a todos, no discrimina a nadie.

– Bien común o Bien del pueblo: Consiste en el conjunto de todos aquellos bienes que los seres humanos requieren para su plena realización en sociedad. El bien común es superior al bien individual, lo cual implica que hemos de estar dispuestos a subordinar nuestro beneficio personal al de la patria. El bien común del pueblo es el fin del Estado y de ahí se deriva el derecho del gobierno, tanto para establecer leyes como para obligar a su cumplimiento, y también la obligación de los ciudadanos a cumplir las leyes. El policía es un servidor del bien común y su autoridad se basa en el servicio al bien común.

– Solidaridad: Es la ayuda mutua entre los miembros de una sociedad. Consiste en el reconocimiento del deber que tenemos los miembros de una comunidad de ayudarnos unos a otros y contribuir al logro de los fines de la unidad a la que pertenecemos. La solidaridad es una virtud que se aplica a todas las sociedades a las que pertenecemos, la familia, la unidad policial, la Nación y la Comunidad Internacional. El buen policía es solidario con sus compañeros, con las comunidades a las que pertenece y sobre todo, con los ciudadanos.

– Prudencia: Es el arte de decidirse bien. La persona prudente discierne en cada circunstancia cual es el verdadero bien y cuáles son los medios más adecuados para alcanzarlo. La prudencia es contraria tanto a las decisiones irreflexivas y precipitadas como a la indecisión. Es uno de los requisitos indispensables del liderazgo, ya que el líder prudente es aquel que prevé los efectos posibles de sus decisiones y decide de tal manera que minimiza los riesgos, respeta las leyes y los valores éticos y obtiene los resultados deseados. El buen policía ejerce un liderazgo prudente en la sociedad.

– Fortaleza: Es la virtud que nos hace capaces de vencer el miedo, incluso a la muerte, y de hacer frente a las pruebas y las persecuciones. Nos capacita para ir hasta la renuncia y el sacrificio de la propia vida por defender una causa justa. A la fortaleza o presencia de ánimo se asocia: “La sangre fría, la serenidad y la calma”, que se requieren tanto más en un jefe cuanto más crítica sea la situación. La fortaleza es una virtud esencial del policía, y en el cumplimiento de su misión ha de estar dispuesto a llegar al heroísmo.

– Templanza: Es el hábito de saber moderar, dosificar y gozar sanamente del placer sensible. Tiene que ver con el cuidado de la salud e implica medirse en el comer y en el beber, evitar las drogas y otras adicciones y practicar el ejercicio conveniente. La persona templada es también moderada en el deseo de placeres y de bienes, de tal manera que no se deja arrastrar por ellos hasta el punto de ser injusto, desleal y degradarse a sí mismo y a los demás. Es parte de la disciplina del policía el aprecio de sí mismo y el rechazo a los vicios.

– Justicia: Es la firme disposición de dar a cada quien lo suyo, es decir, de darle a cada quien aquello a lo que tiene derecho. La justicia se aplica a las relaciones de las personas entre sí, a las relaciones de las personas con el Estado y a las relaciones del Estado con las personas. De la realización de la justicia depende la paz, tanto entre las personas como entre las naciones. La misión del policía es de una gran dignidad porque consiste en prevenir la injusticia.

– Honestidad o Integridad: Consiste en comportarse coherentemente con los valores que uno profesa. La integridad es la base de las demás virtudes. Es la “firme disposición, la determinación y el hábito de hacer lo correcto sin que nadie te obligue a ello más que tú mismo”. La integridad se llama así porque en la medida en que la persona hace lo que es correcto, logra mayor coherencia entre sus palabras, sus sentimientos y sus acciones. El ejemplo del líder íntegro es el verdadero y más eficaz forjador de la disciplina del subalterno. El mejor reglamento del subordinado es la conducta intachable del superior. El policía integro es un factor de mejoramiento de su corporación y de la sociedad en general.

– Verdad: A este valor le corresponde la obligación de ser veraz, esto es, de no falsear los hechos intencionalmente. La veracidad es tener la intención de expresar los hechos tal como son. A la veracidad corresponde también no hacer afirmaciones sin tener el soporte de datos o hechos reales, no hacer suposiciones ni basarse en información de oídas y el no falsear las pruebas ni alterar los hechos. Se relaciona con el principio de objetividad, que obliga no solo a ser veraz sino también a actuar sin prejuicios o parcialidad. Toda forma de comunicación de un policía ha de ser veraz, tanto en la palabra como en el llenado de informes o en cualquier respuesta a las preguntas de las autoridades competentes.

– Profesionalismo: Significa que a la hora de ejercer su tarea o actividad, la persona se desempeña de acuerdo a los mejores parámetros de su profesión. En el caso de la policía, estos parámetros o normas son los de una buena práctica policial, es decir: eficacia, apego a los principios éticos y jurídicos, y minimización del riesgo para los participantes en la situación. El profesionalismo exige una actitud de aprendizaje constante por parte del policía.

– Honor: Es la estima que el policía tiene de sí mismo, de su profesión, de su corporación, de su familia y de lo más sagrado que tiene en su corazón. El honor consiste en sentir profundamente la necesidad de estimarse a sí mismo y de obtener la estima de los demás mediante acciones que lo engrandezcan. El honor policial no consiste en mentira, ni la falta de la palabra empeñada.

– Orden: El orden y la paz pública significa que cualquier persona puede realizar sus actividades cotidianas con la confianza de que su vida, su integridad, su libertad, su patrimonio y otros bienes tutelados por las leyes están exentos de todo peligro, daño o riesgo. Este es uno de los valores fundamentales del bien del pueblo que la policía debe preservar.

– Honradez: Consiste en respetar la propiedad ajena. La honradez en la conducta prohíbe no solo el robo sino también el abuso de confianza y el fraude. El policía honrado no aprovecha su posición y su poder para quitarles a los demás sus bienes y obtener beneficios que no le corresponden.

– Lealtad: Consiste en la firme determinación de cumplir los compromisos contraídos. Implica el cumplimiento de la palabra dada y la fiel ejecución de los compromisos. En el caso del policía éstos son principalmente el de servir y proteger a los ciudadanos, y el compromiso de colaborar eficientemente con sus compañeros. Traicionar la palabra dada y no cumplir los compromisos es ser desleales y redunda en detrimento de nuestro honor.

– Espíritu de cuerpo: Consiste en el orgullo que siente el policía de pertenecer a su unidad. Por el espíritu de cuerpo se da la unión de cada uno entre sí y con el grupo al que se pertenece. Esta unión es la que asegura el éxito de las misiones que emprende el grupo. Por esta virtud nuestros actos van encaminados invariablemente a contribuir al prestigio, buen nombre, gloria, supervivencia y respeto de nuestra unidad. Por el espíritu de cuerpo nos hiere toda ofensa a nuestra corporación y nos llena de legítimo orgullo el reconocimiento de la ciudadanía para todo lo noble y bueno que hace o hay en ella. La tarea principal del líder policial es la de fortalecer el espíritu de cuerpo. El buen policía está orgulloso de pertenecer al cuerpo policial y no hace nada que pueda manchar su nombre y el de su unidad.

– Disciplina: Constituye la fuerza fundamental de un Cuerpo Policial y el factor más poderoso de su éxito. La disciplina permite que el grupo actúe como una sola persona para preservar la vida de sus miembros y lograr eficazmente su misión. La disciplina incluye la obediencia, que consiste en la disposición a cumplir de manera efectiva las órdenes que el superior emite de forma legítima, precisa y oportuna. Por ella el superior puede exigir al subordinado y esperar de él que las órdenes sean ejecutadas con exactitud y sin vacilación. La obediencia consiste así en la subordinación consciente de la propia voluntad en provecho del conjunto, independientemente de toda consideración de amistad, parentesco, simpatía o posición social. En lo que se refiere al superior, la disciplina exige que sepa mandar de forma adecuada a sus subordinados y requiere también el respeto y consideración mutua entre quien ostente un mando y sus subalternos. El buen policía sabe mandar y obedecer.

– Autoridad: El policía es un funcionario que, para lograr los altos fines de su misión, esta investido de la autoridad del Estado para hacerse obedecer y respetar por los ciudadanos. La autoridad de la policía y su posibilidad de utilizar la fuerza tienen la finalidad de facilitar el servicio que presta a la comunidad y se fortalece en la medida en la que sirve realmente a ese propósito. El policía pierde autoridad conforme actúa de manera descortés o prepotente y utiliza la fuerza en forma desproporcionada o para sus propios fines y no para el bien de la comunidad. Como líder, la función primordial del policía será la de ser el líder de su personal y demostrar en su comportamiento una conducta intachable. Su cargo lo coloca en una posición de autoridad en la que su deber será dar las órdenes que el servicio requiera y supervisar el cumplimiento de las mismas. El buen policía no solo tiene autoridad sino que se la ha ganado por su conducta intachable.

– Sacrificio: Es la parte de la misión del policía al estar en peligro o en algún trabajo que representa un riesgo grave. Los policías cumplen con cualquier trabajo que se le asigne, así sea peligroso o desagradable, porque para los miembros del Cuerpo Policial lo más importante es el cumplimiento de su misión. Actuar así es un acto de abnegación o sacrificio. El buen policía cumple con misión encomendada renunciando a sus intereses personales y dejando a un lado todas las comodidades, afectos y sentimiento ajenos al servicio.

– Legalidad: Es la firme disposición de actuar conforme a lo que establece la ley. Este es uno de los principios básicos del Estado de derecho y de la seguridad pública. El policía debe conducirse con apego a la ley en todas sus actuaciones.

– Amor a la patria: Es el amor a México, a sus tradiciones, a su historia y sus valores. Así como el respeto a sus símbolos. Se realiza consagrándose al engrandecimiento de la nación por el respeto a sus leyes y a sus habitantes y, conforme a las posibilidades de cada quien, mediante la defensa de nuestra independencia política y la integridad del territorio nacional, el aseguramiento de nuestra independencia económica y la continuidad y acrecentamiento de nuestra cultura. El policía ama a la Patria de una manera especial porque previene la injusticia y busca preservar el orden y la paz, que son bienes del pueblo.

– Independencia: Consiste en la capacidad de una región o de una comunidad cualquiera para gobernarse así misma sin estar bajo el dominio o tutela de otro poder político. El buen mexicano debe estar dispuesto a luchar y sacrificar su vida si es necesario para preservar la independencia de México. El amor a la independencia nacional no es contrario a la solidaridad internacional, por la que estamos dispuestos a colaborar con personas o entidades de otras naciones, con el fin de obtener beneficios mutuos y lograr la justicia y la paz mundiales. El policía contribuye a la independencia de México asegurando el imperio de la ley en todo el territorio mexicano.

1.3. Conceptualización de doctrina policial.

Es el conjunto de conocimientos ordenados sistemática y metodológicamente que recoge la historia y cultura policial a través del tiempo, integrando principios, valores y normas sobre su rol constitucional e institucional, los fundamentos filosóficos y legales del Derecho Policial vinculado a la defensa de los Derechos Humanos, la Ley, el orden y la seguridad, así como de su mística y vocación de servicio en la que descansa su cultura organizacional y de promoción de la paz social y el amor a la Patria, representados por sus símbolos, distintivos de mando y autoridad, costumbres y tradiciones que impulsan a la acción generadora de héroes y mártires, que amalgamados constituyen una sólida estructura de Integración e Identidad Policial.

La Doctrina Policial precede y sustenta los conocimientos y conceptos teóricos prácticos sobre el Orden Interno, el Orden Público y la Seguridad Ciudadana.

1.4. Cultura policial.

En general, si hablamos de “cultura policial” se subraya una imagen ya establecida, en algún sentido estereotipada y homogénea, conformada por brutalidad, corrupción, secretismo, machismo o el valor de la acción por sobre la intelección de los problemas. Sin embargo, si se va más allá de una descripción ya cristalizada de rasgos, la cultura policial es un concepto útil si se relaciona con los entornos o ambientes ocupacional y organizacional de la vida policial, cuyos elementos pueden propiciar (o no) prácticas y significados que generen consecuencias y costos sociales impropios de una sociedad democrática.

Para dotar al concepto de mayor riqueza analítica es necesario no reducirlo a un concepto valorativo (negativo). Para una visión de este tipo, la cultura policial sería todas las características reprobables y todos los obstáculos que por inercia poseen las corporaciones (formas históricas de hacer las cosas que evitan que se cumplan los objetivos que todos deseamos, los cuales serían coincidentes con lo establecido en leyes y marcos normativos racionales y transparentes). También sería adecuado distanciarse de una “cultura policial” definida a partir de una separación del mundo policial en dos universos con fronteras más o menos claras, la organización formal y la informal, adjudicándole a la “cultura policial” la orientación de la acción —el segundo de los espacios—. Es decir, si bien existe un orden normativo legal y formal que fija el deber ser policial, el mundo real es uno informal donde se siguen reglas y valores propios de su “cultura”.

Pero ni las prácticas asociadas a los espacios ocupacionales y organizacionales ni los significados atribuidos se mantienen de un lado u otro de la división entre lo formal y lo informal. Las reglas y sentidos prácticos de la cultura policial pueden tener muchas relaciones con la formalidad vigente: pueden reforzarla, ser indiferente, contradecirla, usarla para otros fines, parasitarla, etcétera (Prenzler: 1997). Otro asunto es que las prácticas y lógicas informales son las que cobran mayor predominancia en la estructuración de los comportamientos y en los significados compartidos de los policías. Bajo estas condiciones, la mayor o menor fortaleza institucional, su diseño, la capacidad de supervisión y el liderazgo para impulsar las normas formales son factores relevantes para que las reglas “informales” sean (o no) la columna vertebral de un orden policial “paralelo”.

La cultura policial, en cuanto a significados, valores y normas que enmarcan las prácticas cotidianas del trabajo policial no necesariamente tienen que oponerse al “profesionalismo” — ni la profesionalización policial es un proceso transparente que pueda operar al margen de las mediaciones culturales—. En su lugar, un profesionalismo que logre ser efectivo será aquel que dote de sentido a las experiencias de los policías en la calle, al conectarse con su realidad ocupacional y organizacional. No se trata, por tanto, de lograr evitar o restringir el impacto de la “cultura policial” (como si la dimensión cultural fuera una dimensión negativa que pudiera eliminarse, como si existiera una policía “profesional” sin mediaciones), sino cómo lograr que principios democráticos y sus mejores prácticas asociadas sean parte de la cultura operacional de la policía.

Cultura policial en México

Para realizar una descripción de las principales características de los entornos ocupacional y organizacional de las policías en México, es decir, del campo del trabajo policial en México y su relación y mutua influencia con los conocimientos, normas y predisposiciones culturales de la policía (habitus) recurriremos a resultados de investigación tanto desde perspectivas antropológicas como en el caso de los trabajos de Azaola (2006) y Suárez (2006), con una mirada más orientada a la sociología (Martínez de Murguía: 1998).

Un primer punto a señalar tiene que ver con la forma en que el ambiente organizacional y la relación con sus pares —y en alguna medida también las expectativas sociales—, generan un modelo de “buen policía”, que forma parte de los rasgos culturales que orientan y dan sentido a la acción policial cotidiana en México. Entre los espacios privilegiados para la socialización en dicho modelo se encuentran las etapas de formación y posteriormente el ingreso a la experiencia policial directa. Para que dicho modelo se acerque al deseable con una orientación moderna y democrática, sus valores y objetivos deberían institucionalizarse en esquemas de incentivos formales de la organización en ambas etapas, y en lo posible también reflejarse y alinearse con los incentivos informales que desarrollan los mandos hacia los policías, así como entre los pares (o al menos que los desplazamientos propios de las reglas informales no signifiquen subvertir los modelos idealmente buscados). Sin embargo, en la mayoría de las policías preventivas mexicanas, ante las carencias de formación y ante las debilidades o distorsiones de los incentivos establecidos desde la supervisión y la evaluación, dicho modelo queda en mayor medida constituido por las definiciones, estrategias y reglas que se aprenden a partir del policía experimentado. Es decir, la tendencia general de privilegiar la experiencia por sobre la formación previa o sobre la capacitación más “académica” se ve reforzada por la debilidad institucional en la formación y en la capacidad de supervisión, seguimiento, evaluación y análisis del trabajo operativo. Un modelo de “buen policía” basado en la experiencia del policía con oficio y “sentido común” en el uso de su discrecionalidad, favorece formas abusivas de imposición de autoridad ante la población, evitación de problemas y sanciones internas, así como la supervivencia o participación en prácticas de corrupción institucionalizadas en grupos o sectores.

A lo anterior se suma que las propias instituciones policiales en México suelen promover formalmente un modelo de “buen policía” orientado al combate a la delincuencia por sobre modelos donde la prevención, el análisis creativo de los problemas y la relación con la comunidad sean las características centrales. De esta forma el conocimiento axiomático acerca de un “nuevo tipo de policía” sólo es compartido por pequeños grupos en las cúpulas (cuando lo es), pero no logra permear el resto de la estructura. Tomando en cuenta las categorías que informan el habitus policial (Chan: 2003), sin cambios en el conocimiento axiomático acerca de la función policial difícilmente cambiará el conocimiento de diccionario o de recetas sobre aquello que debe y no debe hacerse en su trabajo diario.

Un segundo aspecto a detallar consiste en el particular reforzamiento de las lógicas de la desconfianza y la sospecha ante la población en las policías mexicanas como resultante cultural de las exigencias propias del ambiente ocupacional. La necesaria tipificación de situaciones y personas que necesita desarrollar un policía no suele ser un ámbito de capacitación formalizado donde se aportan recursos interpretativos y estrategias para el abordaje. Las categorizaciones parecen responder más inductivamente a su experiencia y a prejuicios sociales establecidos. Tampoco parece existir una especial preparación para lidiar con entornos y poblaciones con altos niveles de desconfianza hacia el actor policial, tal cual es la realidad en la gran mayoría de los municipios del país. En general los currículos de formación y las instancias de capacitación siguen dando un lugar central a una perspectiva de combate delictivo orientado al manejo de armas y la preparación física, y a lo sumo a conocimientos legales vinculados con su función. Mucho menor énfasis existe en una capacitación para lograr cercanía con el ciudadano, en especial en entornos de desconfianza, así como capacitación en aproximaciones más cercanas a la prevención vía la orientación a la solución de problemas y las soluciones entre policía y comunidad, así como el desarrollo de mutuos conocimientos y confianzas.

En sociedades con baja legitimidad de las policías, se deberían definir modalidades de relacionamiento y acción con la ciudadanía, considerando esquemas distintos a los de sociedades donde la policía cuenta con mayor credibilidad. En el caso mexicano, es claro como la falta de respeto —por cierto frecuente entre la población hacia el policía—, aparece como un activador de respuestas de impacto en el manejo de la fuerza, mismas que son problemáticas para el ciudadano y para el policía.

En tercer lugar, el rechazo de los procedimientos formales también puede ser proporcionado por los propios intereses y los incentivos de la organización policial. Más aún si el objetivo político que busca obtenerse del desempeño policial es aumentar el número de presentaciones ante el Ministerio Público y dar una buena imagen ante la opinión pública de que están sacando a los “delincuentes” de las calles. Éstos son objetivos políticos a corto plazo que no brindan soluciones reales a los problemas de seguridad, pero que lamentablemente son impulsados en muchas policías en México y a distintos niveles de gobierno. A su vez, si los objetivos políticos sólo se focalizan en indicadores de arrestos, sin preocuparse por el apego a la legalidad en el trabajo operativo, se favorece una autonomía policial que abre espacios para que se instalen distintas formas de prácticas de corrupción. En este sentido, la cultura policial en México no puede dejar de considerar el contexto político en el que se desarrolla y las responsabilidades que ha implicado la falta de liderazgo político en el tipo de institución existente. O un liderazgo que ha preferido mantener a la institución policial como espacio de lealtades, cediendo autonomías supuestamente técnicas, que en realidad encubren ausencia de supervisión real y rendición de cuentas, repartiendo recursos públicos para construir oportunidades para beneficios ilegales individuales y de grupo.

Bajo este panorama, el policía, ante el rechazo de una sociedad que desconfía en gran medida de sus motivaciones de actuación y la ausencia de incentivos y políticas de reconocimiento alineadas institucionalmente con un modelo policial democrático, puede obtener su valor y reconocimiento como policía por el hecho de “saber sacar provecho” de su trabajo. Un valor que no está necesariamente alejado de la forma de trabajo de sus mandos (sino que puede ser impulsado por éstos) y que tampoco es ajeno a otros espacios de la vida social en el país, por ejemplo y en muchos sentidos, la burocracia pública y la política.

1.5. Principios, ética, valores y normas.

Los principios son el conjunto de valores, creencias, normas, que orientan y regulan la vida de la organización. Son el soporte de la visión, la misión, la estrategia y los objetivos estratégicos. Estos principios se manifiestan y se hacen realidad en nuestra cultura, en nuestra forma de ser, pensar y conducirnos.

Ética y Moral

La Ética es la parte de la filosofía que estudia “los actos humanos en cuanto buenos o malos” y explica por qué calificamos algo de “bueno” o “malo”. En este sentido, se trata de un conjunto sistemático de conocimientos racionales y objetivos acerca del comportamiento humano, que nos proporciona cierta guía u orientación para actuar correctamente; aunque eso no significa que pueda darnos “recetas” para actuar bien.

La Moral es un conjunto de normas cuyo origen se remonta a las tradiciones y formas de relacionarse entre los seres humanos pero, a diferencia de la ética, no hace una reflexión racional sobre estas normas y conductas. Por ejemplo, en ciertos pueblos, sus costumbres y, por lo tanto, su “Moral” consideran “buenos” ciertos actos como vender a las mujeres porque así lo han hecho desde la antigüedad. La diferencia en este caso es que la moral no se pregunta si esa práctica es buena o mala, mientras que la ética sí lo hace.

No obstante, en el lenguaje común muchas veces las palabras “moral” y “ética” se utilizan como sinónimos, quizá porque ambas tienen que ver con aquellas normas de conducta que seguimos por convicción. Dichas normas se relacionan con la conciencia moral, pues no son coercitivas, es decir, no necesariamente existe una sanción externa si no la cumplimos. La sanción propia del incumplimiento de estas normas es interna: sentimos culpa, vergüenza o arrepentimiento si hemos actuado mal, o bien satisfacción y tranquilidad si hemos hecho algo bueno. De aquí viene la frase “dormir con la conciencia tranquila”.

Valores

Todo aquello que queremos lograr, todo aquello que apreciamos, todo aquello que nos interesa, todo aquello que nos atrae, nos apasiona y despierta nuestro entusiasmo y admiración; lo queremos lograr, lo apreciamos, nos interesa, nos apasiona, nos entusiasma nos atrae y provoca nuestra admiración porque tiene valor para nosotros. Valor es aquello por lo que las cosas nos interesan, nos atraen y nos mueven a actuar.

Así, gastamos dinero en la medicina porque la salud es un valor para nosotros, asistimos a un concierto porque la música es un valor para nosotros, hacemos ejercicio porque el vigor y la buena apariencia son valores para nosotros, gastamos en vestirnos a la moda porque el reconocimiento de los demás es un valor para nosotros, gastamos en libros y en educación porque el conocimiento es un valor para nosotros, visitamos a nuestros amigos enfermos porque la amistad es un valor para nosotros, vamos de excursión porque la belleza del paisaje es un valor para nosotros, etc.

De acuerdo con esta definición de valor, existen diferentes tipos de valores para satisfacer diversos tipos de necesidades, el psicólogo Abraham Maslow hizo la siguiente clasificación de las principales necesidades humanas:

  • Las necesidades fisiológicas: son la base en la que se sustenta la vida, tales como comer, beber, abrigarse, dormir, etc.
  • Las necesidades de seguridad: se relacionan con la necesidad de vivir en un entorno seguro sin amenazas, a ello contribuye, por ejemplo, tener un empleo seguro en el que se pueda progresar.
  • Las necesidades de afiliación o de pertenencia: son necesidades de compañía y relación social. Incluyen la necesidad de pertenecer a un grupo u organización y/o comunidad.
  • Las necesidades de estima o reconocimiento: una persona necesita ser reconocida por sus logros, y ser respetada y apreciada por los demás.
  • Las necesidades de autorrealización: son aquellas relacionadas con el sentido último de la vida y con los valores morales y espirituales. Incluyen el impulso de realizar algo por los demás, por la sociedad y por aquello que lo trasciende, que es mayor que uno mismo.

Normas

Las normas sociales son un conjunto de reglas que deben seguir las personas de una comunidad para tener una mejor convivencia, a las que se deben ajustar las conductas, tareas y actividades del ser humano. El conjunto o sistema de normas, reglas o deberes que regula las acciones de los individuos entre sí.

Las normas y el derecho se ocupan de la conducta social de las personas principalmente en su aspecto externo, el incumplimiento de éstas tiene una sanción externa, por ejemplo una multa o el encarcelamiento.

A diferencia de la moral que es interior a la conciencia, las normas no tienen validez como tal mientras no es promulgada públicamente por la autoridad legítima y de acuerdo con lo que al respecto establece la Constitución. Pero a pesar de esta diferencia entre la moral y las normas, cabe notar que hay una relación muy importante entre ellos. En efecto, toda norma jurídica es establecida por el legislador con el fin de preservar o realizar algún valor. En la medida en que las normas jurídicas se ordenan a preservar valores que son exigidos por la dignidad de la persona e indispensable para lograr el bien común de la sociedad, los valores son también obligatorios en conciencia y no solo por la posibilidad de coacción del Estado.

1.7. Vocación de servicio y promoción de la paz.

De acuerdo con el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua la profesión es el empleo, facultad u oficio que alguien ejerce y por el que percibe una retribución. De esta manera se habla de la profesión médica, de la profesión legal , claro está, de la profesión policial.

Generalmente hay que dedicar mucho tiempo a la práctica, el estudio y la reflexión para dominar todo lo que requiere el buen ejercicio de una profesión. Un concepto estrechamente ligado al de profesión es el de vocación y aunque generalmente lo hemos limitado al llamado a la vida religiosa, es aplicable a la inclinación a cualquier profesión.

Vocación significa llamamiento y de acuerdo al Diccionario consiste en la inclinación a cualquier estado, profesión o carrera. Por eso, cuando hay inclinación al trabajo policial, hablamos de la vocación para ser policía. Un indicio de que se tiene vocación para ser policía es que se disfruta del trabajo policial, se realiza con gusto y con ilusión, y además se experimenta gran satisfacción en las ocasiones en las que logra servir a los ciudadanos protegiendo su vida, su integridad, sus bienes y el disfrute de sus derechos.

De acuerdo con Servera: la experiencia y la práctica prueban que, en muchas ocasiones la afición por una profesión determinada viene después de probarla. La mejor piedra de toque para dilucidar si uno ha elegido su profesión vocacionalmente, es decir, de acuerdo con las raíces más auténticas de su identidad, es la ilusión. ¿Qué empresa o quehacer llena nuestra vida y nos hace sentir que, por un momento, somos nosotros mismos?

La cultura de la paz consiste en una serie de valores, actitudes y comportamientos, que rechazan la violencia y previenen los conflictos, tratando de atacar sus causas para solucionar los problemas mediante el diálogo y la negociación entre las personas y las naciones, teniendo en cuenta un punto muy importante que son los derechos humanos, pero así mismo respetándolos e incluyéndolos en esos tratados. Esta fue definida por resolución de la ONU, siendo aprobada por la Asamblea General el 6 de octubre de 1999 en el Quincuagésimo tercer periodo de sesiones Acta 53/243.

2. Fuentes de la doctrina policial

La doctrina policial se nutre de la historia policial, programas de acción, disciplinas básicas y auxiliares que integran la ciencia policial, la estructura axiológica y la realidad criminógena dentro de la cual se desenvuelve la institución.

2.1. Historia policial.

La policía como todas las instituciones jurídicas, ha tenido un origen y desenvolvimiento a través del tiempo y el espacio por lo que se considera importante referir a algunos de sus antecedentes.

Pueblos Primitivos

Al manifestarse la ambición y el desenfreno del más fuerte, fue necesario combatirlo para garantizar la convivencia pacífica.

El hombre en su evolución, obedece a sus traiciones, a través de los jefes o guías, se sintió respaldado para: asegurar sus subsistencia, conservar los medios que facilitaran un ambiente de tranquilidad, aunque relativo; prevenirse contra los atentados provenientes de los enemigos o extraños al grupo comunal.

A medida que fueron apareciendo nuevas formas de ida y de organización social, los medios y recursos para la seguridad se emplearon de manera proporcional y adecuada a las necesidades, aunque con los matices que implicaba la forma de gobierno.

Grecia

La policía, entre los griegos, atendía a las necesidades que sentía la colectividad, como un todo único y sin desintegración, de tal manera que, la función de policía, comprendía: los servicios y necesidades de la ciudad. En Esparta la vigilancia se comendaba, fundamentalmente, a los jóvenes de 18 a 20 años. En Atenas, durante algún tiempo, se encargó a los Efebos el resguardo de las fronteras y el servicio policiaco de la ciudad.

Roma

En la antigua Roma, al decir de Von Ihering: “El orden establecido no se impone en beneficio de un particular, sino de todo el imperio romano; comprendía no solamente el conjunto de los ciudadanos de roma, sino también los valores ante los cuáles se postraban todos sus dioses, sus glorias, sus tradiciones, etc.

La Policía

“La policía, en el pueblo de los griegos, atendía las necesidades y servicios de la ciudad, entre otros, la  vigilancia encomendada principalmente en Esparta, a los jóvenes de 18 a 20 años. El interés colectivo era fundamental”.

Antecedentes históricos

“En la época prehispánica, las culturas aztecas, maya y texcocana alcanzaron un alto grado en el tema de la policía, seguridad y en el tema de la justicia en general.

En esta gran cultura Mexica, el policía tenía un gran papel y era respetado. Al pie del gran teocali, en solemne ceremonia, el nuevo policía o calpullec recibía una cinta de color, a manera de brazalete, que indicaba el grado y al barrio que iba s ser asignado.

El perfil calpullec, el policía azteca, era más bien de un administrador, y solo en época de guerra se hacían cargo de la vigilancia los guerreros aztecas.

Los policías o administradores de la ciudad cubrían funciones de vigilancia, agentes de tránsito, de investigación, escoltas recaudadoras de impuestos, inspectores de mercados y policía especial secreta que era la encargada de seguridad del emperador. Además de contar con una policía política y un instrumento jurídico completo.

Su conducta era respaldada por una firme estructura jurídica y por un amplio código de conducta basado en lo jurídico, en lo religioso y ambos fundamentaban una estricta severidad moral.

Época Colonial

La real audiencia era un tribunal con funciones gubernamentales específicas con atribuciones generales para solucionar los problemas policiales y asuntos relacionados con la administración de la justicia. En la nueva España se instalaron dos tribunales de este tipo: uno en la ciudad de México y otro en Guadalajara, y se regía en todo por las Leyes de las Indias. Quedando constituida por el Virrey, los oidores, los alcaldes del crimen, el alguacil mayor y los fiscales (el Virrey, los Oidores, los alcaldes del crimen, el alguacil Mayor y los fiscales).

En 1569 se anuncia la real orden para el establecimiento oficial de los tribunales del Santo Oficio y se instala una cárcel para su fin. Ese mismo año se establece el tribunal de la Santa Inquisición destinado a perseguir los delitos contra la fe y comienza a funcionar el 4 de noviembre de 1571. Como dato importante en relación al número de víctimas que procesó y condenó a muerte en 250 años, en un territorio del doble al que tenemos hoy.

En el año de 1590 se estableció una cárcel especial para indios, con el objeto de no ofender a los señores españoles, aunque fueran delincuentes.

La corrupción policial se manifiesta en pequeños y grandes hurtos, en la relajación de la disciplina, en la apatía en el trabajo y en la falta de responsabilidad.

El México Independiente

En este periodo poco pudo lograrse en materia jurídica, es decir, desde la iniciación de la lucha de la independencia hasta el año de 1824, fecha que señala nuestra primera constitución del México independiente; ya que anteriormente se aplicaban las leyes españolas; los ordenamientos vigentes fueron: la recopilación de las Leyes de Indias, la Ordenanza de intendentes, las Ordenanzas de Bilbao, la Novísima Recopilación y principalmente la Constitución de Cádiz.

Fue hasta la creación de los Códigos de Procedimientos Penales para el Distrito Federal y territorios federales de 1880 y 1884, en donde se establecen los principios de la institución del Ministerio Público y se habla por primera vez de la policía judicial de la cual era el miembro, y el juez penal era el jefe.

El México Posrevolucionario

Después de la lucha armada originada por la Revolución mexicana, se dan los primeros esbozos del México moderno. Comenzaron a tomar forma y a definir su contorno de congreso constituyente, que se instalaría formalmente en la ciudad de Querétaro el 21 de noviembre de 1916. Pasando por etapas de inestabilidad e incertidumbre, zozobra constante, sobre el futuro del país.

En esta etapa, capacitar, profesionalizar y actualizar a la policía judicial es brindarles herramientas de trabajo, para mejorar el desarrollo de sus funciones diarias de investigación y persecución de los probables responsables de algún hecho delictuoso, esto con el fin de formar verdaderos investigadores, utilizando métodos científicos.

Por lo tanto, para luchar contra el delito no es suficiente tener la buena voluntad de combatirlo; es necesario que cada integrante de la policía posea la capacitación técnica para poder hacerlo eficazmente.

2.2. Elementos de la doctrina policial.

a) La realidad circundante. Es el mundo lógico y antológico (de los pensamientos y de los objetos), en el cual se desenvuelve el policía.
b) Teorías. El sistema de creencias y opiniones acerca de la policía y sus funciones que sustentan la doctrina policial.
c) Principios. Comprende los principios que orientan la conducta institucional, así como el ejercicio de la función policial. Son los linderos que enmarcan dicha función.
d) Valores. Constituidos por aquello que se considera bueno, que beneficia a la persona. Entre ellos tenemos valores de los Derechos Humanos, de la cultura de paz. La práctica de los valores morales fomenta el cultivo de las virtudes, constituye la base del progreso material y espiritual de la organización.
e) Programas de Acción. Son los elementos dinámicos de la doctrina, pues toda doctrina se manifiesta en su accionar. Señala en forma precisa la acción que debe realizar el grupo social utilizando los medios a su alcance, los planes previstos y criterios de eficiencia y eficacia que se adoptan para concretar sucesivamente propósitos comunes que satisfacen las necesidades y aspectos de una organización para alcanzar sus fines.
f) Metodología. Ordenamiento sistemático de métodos y procedimientos que requieren las acciones para alcanzar el fin propuesto. Como en toda investigación lo que esta referido al campo de la ciencia policial y sobre todo la base de la realidad criminógena, encontramos que es indispensable para la correcta satisfacción con los fines de la misma, ubicar las vías que permitan introducirnos en la realidad del objeto de estudio.
g) Finalidad. Elemento orientado de la doctrina, juntamente con los valores morales, canaliza el programa de acción. Es propósito de la doctrina policial la previsión teológica de un propósito ideal que se aspira alcanzar.

Características de la Doctrina Policial

a) Comunitaria. La doctrina policial se origina y desarrolla en la comunidad, existe y se practica, por razones de las funciones que realiza el policía, esto solo puede existir en el ámbito social donde se desenvuelve, la coexistencia social tienen en la persona humana y la sociedad una dualidad de elementos en que la doctrina enriquece su contenido y su naturaleza humanística, comunidad y policía son los elementos de la coexistencia social.
b) Realista. Esta característica desea demostrar que el policía actúa en mundo de realidades y no sobre algo imaginario o supuesto. Tiene su génesis en la realidad social y su estructura de acuerdo a ello. Ejemplo: Si un policía da cuenta de una investigación que ha realizado, tendrá que sustentar con hechos reales y concretos y no suposiciones.
c) Dinámica. Es dinámica porque no se puede concebir una doctrina estática, su evolución es permanente, esta acción dinámica será en la medida como evolucione tanto la sociedad como las organizaciones del estado. Tiene un constante accionar en base a los conocimiento, valores y fines.
d) Axiológica. Porque requiere de valores que tiene una naturaleza metafísica y una expresión concreta. Ejemplo: los valores, la doctrina policial se basa en principios y valores morales. Se orienta hacia principios y valores éticos, principios que se admite sin necesidad de demostración.
e) Teológica. La doctrina policial es teológica porque persigue una finalidad y aspira a alcanzar un propósito ideal, que es la paz social, la tranquilidad y el bienestar de la comunidad.

2.3. Disciplinas básicas y auxiliares de la ciencia policial.

La ciencia policial es el conocimiento científico aplicado a la función policial, es el conjunto de conocimientos ordenados en forma metodológica y sistémica, que el policial trata de investigar y analizar científicamente los hechos para encontrar la verdad y logar su finalidad teológica de dar seguridad y tranquilidad en la convivencia social de la comunidad.

La justificación de este concepto radica en que el quehacer policial se refiere a hechos que se conocen en el servicio policial, estos mismos hechos son también características de las ciencias fácticas, por lo tanto las ciencias policiales son ciencias fácticas. Por esta razón nuestra doctrina policial se sustenta en su propia naturaleza, en la función policial y en los fines constitucionales como los de su Ley Orgánica y no en fundamentos diferentes a su propia realidad.

Las ciencias policiales es el conjunto de disciplinas que convergen en auxilio de la ciencia policial, cuya función es describir y explicar los hechos policiales, reales y potenciales, por medio de esquemas teóricos, sociológicos, criminológicos, jurídicos, etc., que los interpretan y proporcionan al estado en su función de “policía”, una comprensión más precisa de tales hechos y poder de predicción para garantizar, conservar y restaurar el orden interno. Las principales ciencias auxiliares se enlistan a continuación:

  • Matemáticas
  • Lógica
  • Ciencias físicas
  • Ciencias biológicas
  • Ciencias sociales
  • Sociología policial
  • Psicología policial
  • Administración policial
  • Derecho de policía
  • Química
  • Telemática
  • Ciencias policiales
  • Economía política
  • Criminalística
  • Criminología
  • Criptografía
  • Medicina legal

Fundamentos de la Ciencia Policial

La ciencia policial es una ciencia fáctica, que se caracteriza y fundamenta porque la función policial es esencia del quehacer policial, en lo que es la razón de la policía:

– Sus funciones básicas de la policía preventiva.
– Sus funciones se cumplen a través de actividades, sistemas, métodos, conocimientos, normas, principios, valores.
– Obedece a métodos, procedimientos y planes apropiados a la naturaleza del hecho que demanda su intervención, así tenemos los procedimientos para la investigación policial general, normas de patrullaje, etc.
– La verdadera estructura de la ciencia policial radica en su propia naturaleza, en sus normas, principios y valores, finalidad constitucional, derechos humanos, cultura organizacional, trayectoria histórica, costumbres y tradiciones.
– Para el cumplimiento de su misión la policía recurre a conocimientos que reúnen las siguientes características:

  • Racionalidad
  • Sistemática
  • Metodológica
  • Especificada
  • Objetiva
  • Veracidad

¿Cómo estudiar la ciencia policial?

El estudio e investigación de la ciencia policial se encuentra en un proceso de formulación y desarrollo con planteamientos conceptuales que irán madurando en la medida que los estudiantes tomen conciencia del rol que no complete como investigadores científicos de nuestra realidad o de lo que la sociedad requiere de su policía para su seguridad y protección. Hagamos de este estudio una realidad científica con vocación y espíritu de superación profesional.

La ciencia se investiga y analiza en forma coherente con la realidad; de otra parte es necesario buscar en el estudio la creatividad y originalidad con criterio innovador, en donde el policía no desconozca la importancia de la función social que realiza para servir a la sociedad.

3. Origen y evolución de la policía en México

3.1. Etimología de la palabra policía.

Policía, etimológicamente viene del latín politeia que equivale a política o administración gubernativa; también se deriva del griego politeia, que pertenece al gobierno de la ciudad. De acuerdo con estas raíces, la palabra policía quiere decir cuerpo creado para mantener el orden público, integrante de este cuerpo (así lo define Guido Gómez de Silva, en su Diccionario Etimológico de la Lengua Española).

3.2. Evolución de la policía.

La policía existió en diversas formas entre los griegos y los romanos y también en México, tanto en la época Prehispánica como en la época de la Colonia y de la Independencia.

De acuerdo con el Mtro. Efrén Ramírez “las culturas azteca, maya y texcocana alcanzaron un alto grado de desarrollo en el tema de policía, seguridad y justicia en general”.

“En la cultura azteca, por ejemplo, el policía tenía un gran papel y era respetado. Al pie de un gran Teocalli, en solemne ceremonia, el nuevo policía o calpullec recibía una cinta de color, a manera de brazalete, que indicaba el grado y el barrio al que iba a ser asignado. El calpullec estaba encargado de mantener el orden. Había también los tianquizpan, que eran los guardianes de los mercados”.

Durante la Colonia las funciones de vigilancia de la ciudad estaban a cargo de los llamados alcaldes ordinarios. Una especie de policía de esta época era el sereno que encendía las farolas y vigilaba las calles de noche. Este personaje ha sido inmortalizado en la canción de las Mañanitas. Además de los vigilantes nocturnos había los alguaciles, funcionarios dependientes de los jueces para la práctica de diligencias, hacer comparecer a testigos y ejecutar aprehensiones.

En el México independiente, la policía adoptó diferentes formas y en algún momento algunas funciones de la policía estuvieron a cargo de grupos de vecinos encargados de mantener el orden.

A partir del siglo XIX, de acuerdo con José Portugal Ayestas, Inspector peruano, se reconocen dos modelos policiales: el modelo latino (también conocido como modelo francés, continental o napoleónico), creado a partir de la gendarmería nacional francesa en 1791. Este modelo, de manera esquemática, se caracteriza por su estructura militar, centralizada y extendida por todo el territorio en forma de tela de araña y por su vocación de servicio al Estado.

El otro modelo es el anglosajón, creado a imagen de la policía metropolitana de Londres, e inspirado en los principios de Sir Robert Peel.

En efecto, en Inglaterra la policía profesional, tal como la conocemos hoy, fue fundada en Londres por Sir Robert Peel en 1829. De acuerdo con Peel, la finalidad de la policía es prevenir (evitar) los delitos y el desorden. Peel enunció algunos principios para la policía que conservan su actualidad hasta la fecha. Cabe notar que se trata de una policía con vocación de servicio a los ciudadanos.

Los elementos distintivos de los que dotó Peel a la policía fueron un sombrero, un gorro, una insignia en forma de estrella y un tolete de madera.

La policía profesional ha sido aceptada prácticamente por todos los países del mundo y su misión incluye los mismos elementos que definió Peel. Así, leemos por ejemplo en la Constitución de Paraguay que “La misión de la policía es preservar el orden público legalmente establecido, así como los derechos y la seguridad de las personas y entidades y de sus bienes, ocuparse de la prevención de los delitos, ejecutar los mandamientos de la autoridad competente y, bajo dirección judicial, investigar los delitos”.

En México, el artículo 21 de la Constitución establece que la “Seguridad Pública es una función a cargo de la Federación, el Distrito Federal y los Municipios, que comprende la prevención de los delitos, la investigación y persecución para hacerla efectiva, así como la sanción de las infracciones administrativas, en los términos de la ley, en las respectivas competencias que esta Constitución señala”.

El artículo 100 de la Ley General del Sistema Nacional de Seguridad Pública (LGSNSP), que reglamenta el artículo 21 constitucional, establece que “Las instituciones policiales exigirán de sus integrantes el más estricto cumplimiento del deber, a efecto de salvaguardar la integridad y los derechos de las personas, prevenir la comisión de delitos, y preservar las libertades, el orden y las paz públicos”.

Observamos entonces que la misión de la policía incluye los siguientes elementos:

Mantener el orden público, proteger la integridad física de las personas y sus bienes, prevenir la comisión de delitos y salvaguardas los derechos de las personas.

5. Dogma institucional

5.2. Espíritu de cuerpo.

La mayor parte de los equipos, cuando consiguen un alto nivel de solidaridad con una organización adecuada, son capaces de trabajar para conseguir una meta sobre la que existe un consenso basado en valores compartidos. Pero los equipos policiales no son como los demás equipos. Los policías se rigen por estándares más altos, pues tienen responsabilidades mayores y arriesgan la vida para conseguir la meta que se han propuesto. Por esta razón, los equipos policiales deben de ir un paso más allá en su trabajo solidario: todos los miembros requieren funcionar como si fueran uno mismo.

Hay gente que al ver una hormiga piensa que se encuentra frente a un insecto insignificante e, incluso, considera que puede aplastarla tan sólo para alejarla de su vista. Esta actitud cambia cuando alguien se enfrenta a la colonia entera, es decir, al conjunto organizado de hormigas que operan en varios kilómetros a la redonda. Pocos lo saben, pero esas insignificantes hormigas se encuentran a lo largo y ancho del planeta y consiguen sobrevivir en los climas más hostiles. ¿Sabe cuál es su secreto? El espíritu de cuerpo. Las hormigas desarrollaron una organización de colaboración y de subsidiariedad en la cual funcionan como un mismo organismo que conquista un territorio muy amplio, con lo cual ganan un poder incomparable. La colonia -y no la hormiga- es la que les permite sobrevivir ante cualquier adversidad.

El espíritu de cuerpo ocurre cuando en una pareja dejan de funcionar como si fueran individuos para siempre pensar en términos de dos. Más aún, el espíritu de cuerpo se expresa cuando en una familia se comprende que la supervivencia depende de que se funcione como un solo equipo en el que todos velan por todos. La desgracia de uno es problema del equipo y el logro de otro es el éxito de todos. La fuerza se adquiere del grupo.

El espíritu de cuerpo es la culminación de un intenso proceso de comunicación y confianza mediante el cual, los miembros del equipo se entienden como partes de un todo organizado. Es tanto un sentimiento de unión grupal como una forma de funcionar en la que se contempla el sacrifico personal por el bien de todos. En ocasiones, una hormiga puede morir al realizar su tarea, pero siempre se hace para preservar la colonia, que nunca muere.

La expresión máxima de la identidad colectiva es el espíritu de cuerpo. Cuando se es parte de un colectivo unido, el grupo ofrece pertenencia. El espíritu de cuerpo da un nombre, un lugar y una función; se es parte de algo fuerte y valioso. Cuando se es parte de un grupo unido, el trabajo cobra una importancia distinta. La interdependencia grupal genera la sensación de que la labor personal es única y fundamental para un fin superior y de gran alcance. Por ello, la afiliación al grupo se convierte en el pegamento que une los distintos equipos de una corporación.

De manera similar a un tatuaje, el uniforme permite a los miembros reconocerse entre sí como parte de una misma tribu o familia. El uniforme también es la señal que se da al resto de la gente de que existe una fuerza y un nombre que respalda a cada uno de sus miembros.

El espíritu de cuerpo se consigue en el momento en que el organismo del que se forma parte ya no sólo es el cuerpo individual sino el colectivo. El uniforme se convierte en una segunda piel y la misión de la corporación se adopta como la primera prioridad.

¿Cómo saber si se vive el espíritu de cuerpo? Eso no lo podrá leer en ningún libro, sino que lo tiene que experimentar. Tal vez sienta un orgullo particular cuando mira la bandera de México y así se sabe parte de una nación. Esto es muy evidente con la genuina emoción que siente mucha gente cuando gana la Selección Mexicana de Fútbol. En menor escala, le puede ocurrir cuando se encuentra a alguien de su comunidad en un lugar distante. Y seguramente siente un vínculo tan especial con sus familiares que lo obliga a ayudarlos incondicionalmente. Ese vínculo de sangre conforma el espíritu de cuerpo.

¿Cómo saber cuando en la corporación se ha alcanzado tal grado de solidaridad, que se vive como un lazo de sangre, como una familia que conforma una sola unidad?

5.5. Liderazgo con base en principios.

Entendemos aquí por liderazgo basado en principios uno que se basa en principios éticos, es decir, un liderazgo ético. Los valores en los que se basa consisten en las virtudes y en el compromiso con los valores que sustentan la misión de la policía. Este es el cimiento moral sobre el que se apoyan las decisiones y el comportamiento del líder ético.

El líder ético es una persona automotivada para hacer el bien, esto significa que:

  • Tiene la voluntad de hacer lo que es moralmente bueno: se trata de la integridad.
  • Se conoce a sí mismo: está consciente de sus fortalezas, debilidades y los valores que realmente lo mueven.
  • Es proactivo: tiene la capacidad de gobernarse a sí mismo -tiene un locus de control interno-, una visión de lo que quiere lograr en la vida para bien de México y lleva a cabo las acciones necesarias para alcanzarla.

El líder basado en principios se distingue del líder sin escrúpulos, tramposo, oportunista, falso, hipócrita y engañador. Aquél sabe que el comportamiento ético de sus subordinados depende, más que del conocimiento de los reglamentos y los códigos éticos, de las virtudes del líder, del ejemplo y compromisos firme y constante con los valores.

¿De qué manera se manifiestan los principios del liderazgo ético en las actividades del líder policial?

El líder policial ético es un profesional, ya que está comprometido con la misión y vocación de la policía: hacer valer la ley para lograr la justicia, prevenir el delito y lograr así un orden público en el que los ciudadanos puedan disfrutar de sus derechos.

Es importante señalar que este fin superior al que aspira el líder, es compartido actualmente por muchos policías en México y constituye la base ética sobre la cual se puede renovar el cuerpo policial, que es una institución fundada en valores éticos de servicio al público.

Planeación: Cuando el líder ético define la visión y los objetivos a lograr, a la vez que planea la forma de conseguirlos. Se basa en la virtud de la prudencia, que le lleva a proponerse una perspectiva de mejoramiento del mundo inspirada en la justicia, el derecho y las demás virtudes. Pero aunque se inspira en esta elevada misión, lo hace con los pies firmemente puestos sobre la tierra; considera lo que realmente puede y no puede realizar con los recursos con los que cuenta.- Motivación: Este tipo de líder estimula el comportamiento ético, porque el compromiso con los valores no consiste sólo en reconocerlos de palabra, sino en verlos en acción. La ética se basa en el principios de hacer lo correcto; el poder que emana del compromiso real del líder con los principios, motiva en los seguidores una voluntad de arriesgarse a hacer las cosas correctas porque éstas son valoradas, personificadas por el líder y aprobadas por la visión que él comunica. Como dice el refrán, las palabras mueven, pero el ejemplo arrastra.
– Comunicación: La comunicación del líder ético se caracteriza por su veracidad, esto significa no sólo que dice la verdad, sino que, además, sus palabras están respaldadas por sus obras. En consecuencia, el líder ético es uno al que se le puede creer: es un líder confiable.
– El líder ético toma decisiones basadas en valores éticos y jurídicos. En este sentido, todo policía en la calle puede ser un líder ético, porque le corresponde tomar personalmente muchas decisiones que deben ser consistentes con los valores, las virtudes y los principios de esta índole. En la medida en la que actúe correctamente, el policía ganará autoridad moral entre los ciudadanos.
– En el trato con los compañeros y subordinados, el líder ético es cortés y respetuoso. Promueve además el respeto mutuo entre sus compañeros y subordinados. Es justo porque reconoce los logros de cada uno, pero es también exigente, porque espera que cada quien dé lo mejor de sí mismo. Su sentido de la lealtad lo lleva a apoyar a sus subordinados cuando corren peligro y fomentar su superación para que hagan rendir sus talentos.
– El líder ético conoce a sus subordinados; tiene una concepción de la persona que integra sus necesidades de seguridad, pertenencia, reconocimiento y autorrealización. Sabe escuchar a sus subordinados y está atento a lo que les sucede.
Motiva a sus colaboradores para que se desarrollen como personas de acuerdo a sus potencialidades y los invita a que colaboren con el logro de la misión que la policía tiene encomendada. De esa manera se podrán realizar como personas a través del servicio a los demás, contribuyendo a que exista una mejor sociedad para todos. Un líder ético procura que sus colaboradores incrementen su motivación intrínseca y la satisfacción del deber cumplido, pero también les ofrece reconocimiento personal y social; en la medida de su competencia, procura que tengan buenas condiciones de trabajo. Prefiere orientar y estimular más que castigar, aunque impone sanciones sin titubear cuando es necesario.
 Supervisa el trabajo de sus subordinados consciente de que es necesario controlar el cumplimiento de las órdenes para corregir las fallas en su ejecución. Establece también, en la medida de lo necesario, procedimientos de control que ayudan a los subordinados a prevenir las faltas contra las normas éticas y jurídicas. Pero todo esto lo hace enterado de que, como se dice, no hay mejor reglamento que la conducta del jefe.

Si consideramos la descripción del líder basado en principios, veremos que no es muy diferente de la imagen que muchos policías mexicanos actuales tienen de lo que sería un jefe ideal: justos en el otorgamiento de promociones, profesionales, actualizados, que den buen ejemplo, que sean honestos, sepan mandar y dirigir, que formen un buen equipo de trabajo, que ayuden a sus subordinados a superarse, que los respete y los escuche, que sea fuerte física y espiritualmente y que inculque en sus subordinados el concepto de solidaridad, ética y amor por el trabajo.

6. Generalidades de la estructura doctrinal para el desarrollo integral del policía

6.1. Conocimiento de sí mismo.

A lo largo de curso ha tenido muchas oportunidades para comprobar las similitudes y diferencias que existen entre usted y sus compañeros. Es probable que con algunos coincida en el lugar de nacimiento; con otros, en la pasión por un deporte o equipo e, incluso, unos comparten su mismo gusto por la comida. Sin embargo, las similitudes serán en un aspecto y solo con un número limitado de sus compañeros. Si hiciera una comparación detallada de sus vidas, comprobaría que hay más diferencias que similitudes. Aun así, ¿sabe cuál es una de las características que seguramente comparte con todos sus compañeros? La decisión de ser policía.

No importa si fue una decisión reciente o que tomo desde hace años; da igual si cada quien dirige su interés a una posición diferente dentro de la corporación; todos y cada uno de sus compañeros, como usted, en algún momento dijeron: “Quiero ser policía”.

Tendrán distintas razones para haber elegido esta profesión pero, cualesquiera que hayan sido éstas, todos coincidieron en la misma elección.

Afortunadamente, eso no se quedó en el aire, como tantas cosas que se dejan para el día siguiente. Esta frase fue diferente. La decisión se tomó con tal convicción, que usted dio los pasos necesarios para estar leyendo estas líneas. Es muy probable que tuviera que superar pesados obstáculos para estar hoy tomando este curso y, por eso, nadie mejor que usted sabe todo lo que está detrás de la frase “quiero ser policía” y actuar en consecuencia.

Usted ya tuvo oportunidad de profundizar en lo que significa tomar una decisión, ahora es el momento de reflexionar un poco más acerca de las consecuencias de su decisión. Convertirse en policía determina en gran medida qué es lo que tiene que estudiar, cómo va a vivir y qué tipo de actividades realizará día a día, así como la forma en que se jubilará. Más aún, la decisión de ser policía tiene un impacto duradero que afecta directamente a las personas más queridas, como son los familiares o los amigos.

Elegir convertirse en policía demanda sacrificios importantes que no todos están dispuestos a hacer: se le exige estar como interno, alejado de su familia, amigos y lugares más queridos. Más adelante, ésta será una decisión que impactará en los horarios que tendrá, las situaciones que enfrentará, la remuneración que recibirá y los riesgos vitales que correrá.

A nadie se le obliga a ser policía, pero quien así lo decide, se compromete a vivir de acuerdo con estándares éticos más altos que la mayoría de la gente, lo que supone una renuncia importante a preferencias personales con el fin de ganarse la confianza pública.

Lo más deseable para aceptar un compromiso de esta naturaleza es hacerse, con toda sinceridad, la pregunta: “¿Quiero ser policía?”. Pero, cuidado. No basta con responder un “si” automáticamente. La respuesta, sea la que sea, deberá ir acompañada de una deliberación completa. Es necesario poner sobre una balanza los elementos a favor y en contra de la decisión.

Por desgracia, es más común que la gente tome esta decisión tan importante sin meditarlo lo suficiente. Su jerarquía de valores se oculta para ellos. Muchas personas sólo causan alta en la corporación por el sueldo que promete un anuncio en el periódico o por seguir una tradición familiar. Aun cuando ambas razones son válidas y legítimas para decidir ser policía, necesitan ir acompañadas de una reflexión sincera sobre lo que los trajo aquí y hacia dónde quieren ir.

Hay quien dice que la vocación se tiene de nacimiento, pero no siempre es así. Existen muchos casos de policías experimentados que, a pesar de no sentir un llamado especialmente claro o fuerte hacia la corporación, poco a poco se apasionan por su trabajo. Lo mismo sucede al revés. Algunos que están seguros de querer tener el privilegio de portar un uniforme, poco a poco se vuelven apáticos y distraídos.

El secreto de la vocación es que la decisión de convertirse en policía derive de una deliberación cuidadosa. El sustento o fundamento de aquélla es, precisamente, la conclusión que se obtiene de poner múltiples elementos en una balanza. Si usted no tuvo oportunidad de reflexionar lo suficiente sobre las consecuencias de su decisión, en esta sección tendrá la oportunidad de realizar ejercicios para conocerse a sí mismo y descubrir los elementos que debe colocar en su balanza. Verá cómo hasta aquellos que presumen de estar muy convencidos de su decisión, se darán cuenta de que no han considerado todas las consecuencias de su elección.

6.2. ¿Quiero ser policía?

Razones por las cuales quiero ser policía 

Comience por ensayar una respuesta a la siguiente pregunta: ¿Quiero ser policía? Ya empezó esta reflexión en diferentes momento de su formación inicial, cuando tuvo la oportunidad de recapacitar sobre sus valores y las virtudes que le gustarían desarrollar; también en otros momentos ha podido meditar sobre algunas de las características que implica ser policía en lo referente a su responsabilidad y compromiso ético, además de las habilidades necesarias para el trabajo en equipo y el liderazgo basado en principios.

Después de considerar lo que ha pensado y aprendido a lo largo del curso, haga una lista de tres razones para ser policía y anótelas en su cuaderno de apuntes. Escriba las que sean mas importantes para usted, pensando sobre todo en aquellos aspectos del trabajo o misión de la policía que más le atraen y que, seguramente, seguirán motivándolo en el futuro.

¿Tuvo dificultad para escribir esas razones? ¿Se parecen a sus respuestas anteriores? A veces no es fácil poner en palabras las razones por las cuales se decide hacer algo y además no estamos acostumbrados a tomar decisiones pensando en el futuro. Hay muchas de ellas en las que eso no es importante, pero cuando se trata de la elección de una profesión, pensar en las situaciones a futuro puede ayudarnos a fortalecer nuestra elección.

Tal vez le pueda servir de ayuda comparar sus razones con las de otros compañeros. A continuación se presenta una serie de motivos que han llevado a muchas personas a decidirse por la carrera policial.

Buenas razones…

Lea cuidadosamente la siguiente lista y diga si usted coincide con las razones de sus compañeros. Anote en la línea si considera una razón “buena”, “mala” “neutral” según considere. Sólo anote una respuesta para cada pregunta.


  • Mantener a las personas seguras.     _________________

  • Portar un arma, una placa y usar un uniforme.     _________________

  • Asegurarse de que la ley se aplique y se obedezca equitativamente.     _________________

  • Pertenecer a una sólida e histórica hermandad.     _________________

  • Ser elogiado por los medios de comunicación.     _________________

  • Decirle a la gente lo que debe hacer.     _________________

  • Sacar de la colonia o del país a gente indeseable.     _________________

  • Ser respetado por los ciudadanos.     _________________

  • Asegurarse de que los delincuentes no estén en las calles.     _________________

  • Detener a los narcotraficantes.     _________________

  • Asegurarse de que los criminales condenados permanezcan bajo custodia humanitaria.________________

  • Multar por exceso de velocidad a cualquiera que conduzca un carro de lujo.     _________________

  • Mantener el orden y la paz públicos.     _________________

  • Prevenir los delitos.     _________________

Sus respuestas le dan pautas para reflexionar sobre los motivos por los que eligió ser policía y lo que más valora de la profesión. Posteriormente veremos cómo dichas causas y valores pueden traducirse en una misión que le dé sentido a su vida.

El siguiente es un texto con algunas sugerencias para que una persona valore si tiene lo que se necesita para ser un buen policía.

Lectura: “Cualidades básicas de un buen policía”


Verdad: La verdad o veracidad no es sólo un buen punto de inicio, es el único. La verdad deberá ser el punto de partida para una carrera policial. Decir la verdad en su prueba de confianza le hizo acertar las respuestas correctas y así evitó las respuestas exageradas sobre usted mismo o aquellas que algunos creen que impresionan a las autoridades. En la policía se trata de reconocer las cosas buenas y malas sobre uno mismo. Es interesante notar que las personas que más fanfarronean, son las que tienden a estar equivocados sobre sí mismas. Cuando se trata de reconocer las cosas negativas sobre uno mismo, desde las debilidades hasta las vulnerabilidades, la mayoría evita admitir la verdad.

Resulta difícil ser honesto con uno mismo, aunque no es una misión imposible. Usted debe decirse la verdad y necesita hacer un esfuerzo por convertido en hábito. Decir y decirse la verdad es una constante a lo largo de cualquier carrera que implique el ejercicio de la ley.

Reconocimiento de fortalezas y debilidades: Es importante pensar en aquellas cosas que, incluso le cuestan trabajo, puede mejorar. Se pueden fortalecer las áreas donde usted presenta debilidades. Obviamente algunas cosas son más fáciles que otras, pero necesita sentirse capas de hacer el esfuerzo y luchar con persistencia hasta conseguirlo.

Cuando decide seguir una carrera policial, usted necesita preguntarse: ¿Cuáles son mis fortalezas y debilidades? ¿En qué soy bueno? ¿Cuáles son mis talentos o habilidades?.

También es preciso hacerse la pregunta: “¿Para qué cosas no soy bueno?”, “¿Qué me cuesta mucho trabajo?”, “¿Con qué cosas lucho constantemente?”

Claridad mental: Tener claridad mental significa mantener la cabeza fría y los pies en la tierra, lo cual resulta esencial para un policía o un investigador, ya que, de no lograrlo, correrá el riesgo, por ejemplo, de que se le escapen patrones de información evidentes o algún detalle de un reporte crucial. Es fácil tener claridad mental en situaciones apegadas al reglamento, en las actividades diarias. Lo difícil viene cuando la adrenalina entra en juego, ya sea por un peligro físico, uno emocional o ambos. Si deja que el enojo se apodere de usted, tendrá una visión parcial de las cosas que suceden a su alrededor. Esto representa un grave error en un policía. Si un oficial pierde la visión de la perspectiva más amplia, no sólo pondrá en riesgo la seguridad personal sino también la de la gente a la que está protegiendo y su trabajo se perderá. Nada en el ejercicio de la ley se le presentará fácil y en orden. La mayor parte del trabajo no es lineal y, con frecuencia, ocurre muy rápido y de manera caótica.

Buen juicio: Es el objetivo de la claridad mental; no es posible tener un buen juicio sin ella. Si usted tiene claridad en su mente, será capaz de organizar la información útil y descartar la innecesaria, lo cual le permitirá emitir juicios adecuados sobre dicha información.

Si usted consigue un equilibrio entre la razón y las emociones, entre confianza y moderación, y entre paciencia y determinación, seguramente usted es alguien que podrá tomar decisiones basadas en el buen juicio. Esto es especialmente relevante debido a que en su trabajo cotidiano no tendrá un supervisor en todo momento que apruebe sus acciones, por lo que usted tiene que ser capaz de tomar decisiones difíciles rápidamente y actuar con base en ellas sin supervisión.

Integridad: Recuerde que ésta, además de ser una virtud, es una inquebrantable adherencia a un estricto código moral o ético. Tener integridad significa nunca tomar el lado más fácil, nunca buscar un beneficio propio, nunca facilitarse las cosas a uno mismo si hacerlo conlleva el costo de sacrificar lo que para usted es moral o éticamente correcto.

Respeto a la autoridad: Primero, los oficiales y agentes deben respetar la autoridad suprema de la ley. Aprenderla, estar atentos a su cumplimiento y estar informados acerca de los cambios que realizan los legisladores, para obedecerla y reforzarla.

Segundo, los oficiales y agentes deben respetar la autoridad de las reglas y regulaciones propias de su departamento o área. Deben trabajar dentro del sistema y, si ahí se presenta un problema, resolverlo conforme a las reglas del mismo.

Tercero, deben respetar la autoridad de sus superiores y obedecerlos, esto es, tener la disposición de cumplir, de manera efectiva, las órdenes que el superior emite en forma legítima, precisa y oportuna.

actuar conforme a la ley requiere límites. No puede haber anarquía, ni siquiera muy localizada. En cualquier nivel, el respeto a la autoridad asegura que el proceso se realice de manera óptima y eficiente. Algunas personas tienen problemas para recibir órdenes porque desprecian a aquellos que tienen poder y se sienten superiores a ellos. A otras les encanta romper o trasgredir las reglas, ya que creen que están por encima de ellas. Las personas que tienen problemas con la autoridad no deben entrar a una profesión que implique el cumplimiento estricto de la ley.


6.3. Imagen personal y social del policía.

La decisión de convertirse en policía es inseparable de la imagen que se tiene de la institución. Esta es muy engañosa y varía de una persona a otra o de acuerdo al estado en el que encuentre. Para algunos, la imagen de un policía es la de un padre fuerte, honesto y que siempre respetó las reglas, mientras que para otros puede ser la de un uniformado que inspira miedo y lo único que se sabe de él es que acosó a su grupo de amigos cuando intentaban divertirse. Con frecuencia, las experiencias personales moldean la imagen que se tiene de la policía. Un problema común es que la imagen que un ciudadano se ha formado, con base en sus experiencias personales, la suele generalizar a todo el cuerpo, como si todos los policías fueran iguales a uno que él conoció. Como en todos los casos de generalización indebida, es necesario hacer una crítica de la imagen y darse cuenta de que no todos los policías son iguales, así como no todos los médicos ni todos los políticos lo son.

Muchas veces se tiene una imagen negativa y devaluada de la policía. Seguramente usted podrá comprobarlo leyendo el periódico cualquier día. Hemos visto que los medios de comunicación pueden influir en esta percepción. Que muchos policías hagan bien su trabajo rara vez es noticia para la prensa. En cambio, si un policía de alto rango incurre en un acto de corrupción, los periódicos lo destacan; y si un grupo de policías abusa de su fuerza, entonces aparece en la televisión en cadena nacional. Esto puede contribuir a que el público se vuelva desconfiado y tenga miedo de la policía.

Esto no significa que se deba rechazar a los medios. Así como la policía es la cara visible del Estado para la mayoría de los ciudadanos, los medios influyen de una manera especial en la imagen que los ciudadanos se forman de las cosas. Si en general llama más la atención lo malo que lo bueno, se debe a que hacer un buen trabajo es lo normal y lo esperado. Como del médico o del sacerdote, el ciudadano espera mucho del policía. Hay un desequilibrio entre la exigencia de que el policía haga bien su trabajo y la intolerancia ciudadana a que cometa cualquier error. El desequilibrio es causado por las altas expectativas que el ciudadano deposita en su policía como guardián de su vida, sus bienes y su seguridad. El problema es que este desequilibrio en la valoración del trabajo del policía, hace más difícil mantener en alto su imagen. Esto afecta tanto a los policías dentro de la institución como a los ciudadanos que confían en ellos. Y, por supuesto, también tiene un impacto en quien quiere pertenecer a ésta y en quien busca fortalecer el nuevo modelo policial.

Resulta enigmático que puedan convivir dos imágenes tan distintas de la policía. Por un lado, hay quienes tienen un concepto muy devaluado de ésta. Hay quien cree (sin necesidad de probarlo) que el policía es ignorante, que no tiene sentimientos, que abusa de su autoridad, que acepta mordidas y que se adhiere a un código de silencio para no delatar a sus compañeros. También algunos sospechan que la policía se basa en prejuicios y que ataca a ciertos grupos mientras protege a otros; que aplica la ley de manera desigual y que escoge qué leyes sí respetar y cuáles no. Muchos otros piensan que siempre se favorece la fuerza bruta sobre la estrategia racional aunque esto ocurra en pocas ocasiones. Es común que se presuma la culpabilidad de los policías sin tener evidencia; basta con mirar el uniforme para activar los prejuicios.

Por otro lado, también existen muchos que tienen una buena imagen de la policía. Hay ciudadanos que le deben la vida, su negocio, su libertad o alguna propiedad a la policía. Han podido comprobar que es una profesión muy noble cuya esencia es ayudar a la gente. Incluso la mayoría de los que quieren ingresar en la policía lo hacen porque ofrece una vida digna, respetable y es motivo de orgullo. Nadie duda que un buen policía sea un héroe. Tal vez la situación en la que se hace más evidente la buena imagen de que también goza la policía son esos momentos de emergencia en los que todos los ciudadanos buscan a un oficial. Si una persona, cuando su vida corre peligro, llama a la policía y no a alguien más, significa que sigue confiando en ella. A pesar de la imagen devaluada que puedan tener algunas personas, el lazo con el ciudadano no está roto.

Ahora bien, las dos caras de esta moneda seguramente se le han presentado cuando tomó la decisión de ingresar a la Academia. Usted sabe que hay buenos y malos policías, lo importante es decidir qué tipo de policía quiere ser usted.

Hay personas que se sienten atraídas por la imagen de los buenos policías, de lo que éstos debieran ser y, precisamente por eso, entran a la corporación, si éste es su caso, usted necesita considerar también que enfrentará la opinión de muchos, incluso amigos y parientes, que tienen una imagen deteriorada de la profesión. ¿Ha pensado en cómo soportar la presión para mantener la imagen positiva de su profesión ante una posible oleada de críticas, burlas, insultos y hasta agresiones? Resistir la presión y mantener en alto, ante sí mismo y los demás, la imagen de la policía puede no ser una tarea fácil.

También puede darse el caso de una persona que simplemente tiene una imagen negativa de la policía y, a pesar de ello, decide entrar. Es importante que aquélla evalúe con mucho cuidado los motivos que lo impulsan a ser policía. ¿Qué hará cuando deba arriesgar su vida para salvar la de sus compañeros o ciudadanos? ¿Cómo podrá inspirar confianza a sus compañeros, de los que depende en gran parte su propia seguridad? ¿Qué explicación digna le dará a su familia sobre el trabajo que eligió? ¿Qué tan capaz se sentirá de realizar su trabajo si no puede portar el uniforme con orgullo y seguridad?

Independientemente de los lados de la moneda que haya considerado en su decisión, al elegir ser policía usted se compromete a defender y respetar la imagen de la institución. Cuando un elemento daña la imagen de la policía pone en peligro la vida de todos los demás, ya que debilita el apoyo de la comunidad. La percepción que se tenga de lo que debe ser la policía será parte de la que se tenga de usted. Esa es la imagen a la que dedicará buena parte de su vida. Es la cara con la que se mostrará, tarde o temprano, frente a todo el mundo.

Por ello, uno de los grandes retos es convencerse, auténticamente, de que es valioso ser un buen policía, de que no sólo trabaja para la comunidad sino también con la comunidad. Recuerde: la policía es la gente y la gente es la policía.

¿Usted es capaz de asumir la responsabilidad de mantener una buena imagen de la policía?

6.4. Conocimiento de sí mismo y autoestima.

Como pudo comprobar en ejercicios anteriores, profundizar en la decisión de ser policía exige el valor de conocerse a sí mismo, sin importar los sentimientos o creencias que uno descubra en su interior. La fuerza de ser honesto consigo mismo trae beneficios importantes, como es la satisfacción de realizar con plenitud lo que a uno le gusta y disfruta. Para conseguirlo, el autoexamen debe involucrar, necesariamente, la exploración de los propios sentimientos. Conocerse a sí mismo es el análisis de la relación emocional con uno mismo.

Autoconocimiento y autoestima

El primer paso para el autoconocimiento es tomar conciencia de uno mismo, la cual se refiere al entendimiento de nuestras necesidades, deseos, valores, aspiraciones y capacidades. Como esto es muy amplio, se puede concretar como el ejercicio continuo de auto observación con el fin de detectar las ventajas y desventajas que se tienen para realizar alguna tarea. En su caso, y en esta ocasión, la tarea es la profesión de policía, así que el primer paso es responder: ¿cuáles de sus características personales son más o son menos apropiadas para tareas policiales?

Esta pregunta se debe examinar con cuidado, pues a veces nos faltan los datos o las experiencias para responderla acertadamente.

Es posible que usted crea que tiene características que no son apropiadas para se policía pero, si conociera la gran diversidad de tareas que existen en la institución, es probable que haya alguna adecuada para usted, porque corresponde a sus aptitudes. En parte, por eso algunos de sus compañeros realizarán trabajos diferentes dentro de la corporación.

Por ejemplo, ¿usted cree que una persona ciega es apta para ser policía? Tal vez su respuesta inmediata sea que no, que habría que cuidarla todo el tiempo y que eso pondría en peligro cualquier operación. Ello se debe a que con frecuencia se piensa que la policía se reduce a los elementos uniformados en una patrulla. Esto no es así. En la institución existen personas con discapacidad visual que manejan la central de comunicaciones e interconectan los pedidos de ayuda con los servicios de emergencia para coordinar los operativos de rescate. La discapacidad visual, que puede parecer una desventaja para ser policía, se complementa con un oído afinado y una enorme capacidad para imaginar con precisión, desde una oficina, una situación de desastre. Las habilidades con las que esta persona compensa su ceguera se convierte en una ventaja invaluable para salvar muchas vidas. Esto nos indica que la conciencia de sí mismo, conocer las aptitudes personales para diferentes tareas, no determina si se puede o no ser policía, sino más bien ayuda a detectar la posición en la que uno puede funcionar de manera óptima.

Cuando se cuenta con la disposición para un autoexamen, el ejercicio sólo se puede considerar completo si se incluyen las emociones. Cuando se realiza la autocrítica de uno mismo, es fundamental tomar en cuenta la autoestima. Por ella se entiende el valor que una persona se asigna a sí misma; por ejemplo, qué tanto se acepta como es, en qué medida se siente querido, qué tan satisfecho se encuentra con sus acciones y decisiones, qué tan capaz se siente de realizar su trabajo, con que vigor defiende sus ideas e intereses y, en general, qué tanto siente que tiene derecho a ser feliz.

La autoestima implica el juicio sobre la propia persona y la calidad afectiva de la relación con uno mismo. Hay personas que tienen una pobre opinión y aprecio de sí mismos y de ellos se dice que tienen una autoestima baja, mientras que hay otros que las tienen exageradamente alta. Hay quienes se plantean severas exigencias, mientras que otros son “conchudos” y tienen un juicio blando o casi inexistente sobre ellos mismos y sus acciones.

Idealmente, la sana autoestima consiste en valorarse a sí mismo como una persona única y digna de respeto, así como suponerse capaz de perseguir y realizar metas altas y valiosas, aunque sean difíciles. La autoestima requiere una crítica moderada y realista de uno mismo.

¿Cuál es su situación con respecto a la autoestima?

Un último elemento para el conocimiento de sí mismo es la madurez emocional. ¿Porqué cree que uno de los requisitos para ser policía es la mayoría de edad? No se trata sólo de la madurez para manejar un arma, también se requiere para juzgar si las conclusiones del examen de sí mismo son realistas, objetivas y están de acuerdo con los requisitos para ser un policía. La madurez emocional permite decidir responsablemente si uno quiere seguir adelante o es mejor renunciar. A veces las personas inmaduras prefieren evitar la responsabilidad de su decisión y se engañan a sí mismas. La madurez emocional ayuda a enfrentar la propia realidad y, así, hacerse responsable de las propias acciones.

Un autoexamen a profundidad, cuando se combina con una buena autoestima y con la decisión de hacerse responsable de las consecuencias, puede favorecer la autorrealización en el trabajo. La autorrealización laboral ocurre cuando una persona siente que hay un buen ajuste entre su trabajo cotidiano y su vocación. Esta concordancia asegura la satisfacción en el trabajo y el orgullo de usar el uniforme.

6.5. Consecuencias personales, físicas y espirituales de la decisión de ser policía.

Usted sabe lo importante que es tener la habilidad de conseguir que todo un equipo se comprometa con la tarea que debe de cumplir. Ahora es el momento de retomar esos conceptos pero con una pequeña diferencia. En lugar de pensar en un equipo, piense en usted mismo y después considere que la tarea que ha de enfrentar es su decisión de ser policía.

Existen dos grandes motores para la motivación. Uno de ellos es el interno, que en este caso se refiere a su vocación de ser policía, misma que se sostiene en un cuidadoso autoexamen que toma en cuenta la autoestima y la responsabilidad ante las propias decisiones.

Por mas importante que sea el motor interno, la motivación intrínseca no es suficiente, ya que nadie vive aislado ni el mundo se ordena a voluntad. Por el contrario, vivimos con gente distinta a nosotros, en instituciones con determinada organización y en una sociedad con leyes que todos debemos respetar. Así que el motor interno debe funcionar en conjunto con un segundo motor, el externo, el cual genera la motivación extrínseca.

Con frecuencia hacemos cosas por los demás, que aun cuando no parezca traernos beneficios externos, nos provocan una satisfacción íntima y personal. Por ejemplo, tener la cena navideña en familia obedece a una motivación intrínseca, pues causa una gran satisfacción personal. Pero poder comprar la cena navideña supone que usted ahorro una parte de su sueldo mensual y que cumplió con sus labores cotidianas en la institución, de tal manera que dio los pasos necesarios para recibir el sueldo, que es una forma de motivación extrínseca. En resumen, los dos tipos de motivación se relacionan todo el tiempo.

La decisión responsable de convertirse en policía requiere una reflexión en la que se consideran tanto las motivaciones internas como las motivaciones externas.

La debilidad o ausencia de motivaciones internas para realizar los valores propios de la misión policial y la dependencia excesiva de las motivaciones externas, centradas en valores de tipo sensible o económico, pueden llevar a traicionar dicha misión.

6.6. Mi familia y mi decisión de ser policía.

Como se señalo anteriormente, el motor interno no se puede entender sin su gemelo, el motor externo. ¿La satisfacción de apoyar a la familia es algo interno o externo?

Es probable que en su grupo existan diversos tipos de familia, pero de una u otra manera, para todos importa lo que piensen las personas más cercanas sobre la decisión de ser policía. ¿Ha podido explicar su decisión a las personas más queridas por usted? ¿Fueron conversaciones complicadas? ¿Cómo justificó su decisión?

6.7. ¿Cómo vive un policía?

Nunca nadie dijo que ser policía es fácil. Al contrario, a lo largo de todo el curso se ha tratado de subrayar la gran responsabilidad que entraña y los sacrificios que demanda. Por eso la selección es tan importante. Algunos no están a la altura de la tarea. No todos son águila que pueda volar.

Hasta ahora se ha buscado que sopese varios elementos en la balanza para que su decisión de ser policía sea hecha a partir de un proceso reflexivo y responsable. Sólo si sabe en lo que se introducirá, puede hacer una elección responsable. Uno de los elementos que requiere conocer es el estilo de vida que se asume al convertirse en policía.

Una manera excelente de conseguirlo es informándose de cómo es un día común y corriente en la vida de un policía.

6.8. Plan de vida y carrera

Seguramente recuerda la pirámide de Maslow. Él definió una serie de necesidades que deben estar cubiertas para que una persona pueda ser feliz con lo que hace, es decir, para que se sienta satisfecha en el camino que decidió tomar. Al elegir convertirse en policía, usted apuesta porque sea una carrera que le permita satisfacer estas necesidades e, incluso, llegar a la cima de ellas, a la punta de la pirámide, que es la autorrealización.

Para Maslow, la autorrealización es la meta de la vida de las personas. Él utiliza esta palabra porque cambia de persona a persona. Para algunos puede ser la de conservar el negocio familiar mientras para otros puede ser la de ayudar a los más necesitados. Para Maslow, la autorrealización se relaciona con la sensación de satisfacción y plenitud con lo que uno hace.

Al reflexionar sobre lo visto en el curso, se dará cuenta que ya ha tocado cada uno de los pisos de la pirámide, y también del último, cuando se hablo acerca del ajuste entre la ocupación que uno realiza y su vocación. Cuando analizó las necesidades básicas de una persona, reflexionó acerca de qué tan bien están atendidas las necesidades fisiológicas. El segundo piso, el de la seguridad, se ha tocado en varios puntos por ser una que requiere especial atención en la vida de un policía. En lo que se refiere a la necesidad de pertenencia, podemos considerar que está satisfecha por ser parte de la corporación.

Si consideramos el siguiente piso, que es la necesidad de reconocimiento, encontramos que se atiende mediante tres factores importantes:

  • Primero, mediante la aprobación de la institución, encarnada en su líder.
  • Segundo, por el reconocimiento de los ciudadanos, a quienes se dedica la vida.
  • Tercero, por la aceptación y el cariño de la familia y de los seres queridos, cuya expresión más fuerte es la posibilidad de constituirse en un ejemplo admirable para los hijos.

La autorrealización, que se encuentra en el último nivel de la escala. No es uno como los anteriores, ya que se trata de la culminación del impulso al crecimiento o perfección del ser humano que consiste en la actuación de sus potencialidades. En la autorrealización se relacionan y se armonizan los niveles anteriores. Además, la autorrealización incluye la autenticidad, esto es, que la persona asuma su futuro como propio, que se sienta responsable de sus logros y fracasos, y que viva con orgullo sus decisiones y acciones.

Uno de los objetivos de ésta unidad es articular su proyecto de autorrealización en un plan de vida que incluya las distintas dimensiones necesidades de la persona en un programa de acción coherente. De lo que se trata es de dibujar una especie de mapa que lo oriente en medio de las incertidumbres de la vida y le ayude a realizar el tipo de policía y persona que usted quiere ser.

6.9. Responsabilidad de la elección vocacional

La mayoría de las instituciones, empresas y negocios exitosos, definen su misión y su visión. En su misión expresan lo que son, la razón de ser de su existencia y a qué sector de la población se dirigen; en su visión describen lo que quieren lograr y cómo esperan verse en unos 10, 15 o 20 años. Para el logro de la visión y la misión, es necesario establecer una estrategia basada en metas considerando todas las áreas que la constituyen.

Una persona también tiene una misión y una visión personales, sólo que a diferencia de las instituciones y de las empresas, rara vez las pone por escrito. Para definir el propósito de su vida o su misión es importante primero tener una “visión de uno mismo”: imaginarse cómo se verá uno en diez o veinte años o, lo que es lo mismo, preguntarse “¿Cuáles son mis sueños?”.

Misión y visión personal

Una vez definidos sus sueños, la persona puede preguntarse acerca de cuál es el sentido de su vida. Por ejemplo, si un investigador médico se imagina que en veinte años, quiere descubrir una cura para el cáncer, podrá ver que su misión en la vida es trabajar por crear procedimientos y/o medicamentos que remedien esa enfermedad y disminuir así el sufrimiento y el dolor de las personas.

La misión de una persona es el sentido de su vida, el cual está orientado por los valores que son más importantes para ella, aquellos por los cuales estaría dispuesta a sacrificar su vida. La visión es la forma en que se reflejará el cumplimiento de esa misión, en logros concretos, en distintos ámbitos o campos de realización. Cuando definimos nuestra visión es importante considerar esos diferentes ámbitos, por ejemplo: el personal, familiar, laboral (trabajo y profesión), económico y social.

Tener claridad en lo que queremos ser y en el propósito de nuestra vida nos ayuda a enfocarnos y a dirigirnos hacia el cumplimiento de nuestros ideales.

6.10. Armonización de un plan de vida y carrera multidimensional

La misión se refiere al sentido de la vida, el cual necesita incluir su carrera pero no se agota ahí. La misión es más que el trabajo y por eso incluye las dimensiones del hombre. Así, es posible que un apoyo sea al mismo tiempo parte de la misión. Por ejemplo, usted puede sentir que su familia es un apoyo fundamental para seguir su carrera policial, ya que ellos lo animan y le dan la fuerza para seguir adelante. Por lo mismo, usted trabaja para ellos. Su felicidad le da sentido a su trabajo diario. Si usted se empeña en ser un policía modelo, no sólo lo hace para tener una carrera exitosa, también se constituye como un ejemplo de honestidad, integridad y trabajo duro frente a su hijo. Su éxito profesional se acompaña de su misión familiar. Lo mismo sucede con otras áreas de la vida de las personas. ¿Cómo cree que tratan a un héroe sus familiares, colegas, amigos, vecinos y líderes?


Ahora usted realice un ejercicio en el que, después de reflexionar, escriba en su cuaderno cómo quisiera que fuera su vida dentro de 10 años. Puede basarse en lo siguiente:

Campo de realización                                                                                                            Visión

Su vida personal

  • Cuidado de su cuerpo y de su salud.
  • Crecimiento intelectual y emocional.
  • Desarrollo moral.
  • Trascendencia o espiritualidad.

Su vida familiar

Su carrera o desarrollo profesional

Su situación económica

Su vida social y cívica


 


Describa ahora su misión personal y profesional (la profesional ya está escrita, es la misión del policía):

Mi misión

Mi misión personal es:

Mi misión como policía es:

Salvaguardar la integridad y los derechos de las personas, prevenir la comisión de delitos y preservar las libertades, el orden y la paz públicos.

¿Le agradaría añadir algo o decirlo de otra manera?

¿Se identifica usted con esta misión?

La mejor piedra de toque para dilucidar si uno ha elegido su profesión vocacionalmente, es decir, de acuerdo con las raíces más auténticas de su identidad, es la ilusión. ¿Qué empresa o quehacer llena nuestra vida y nos hace sentir que, por un momento, somos nosotros mismos?

Con base en lo anterior: ¿Considera que tiene vocación para ser policía? ¿Por qué?

¿Considera usted que su visión y su misión son compatibles?


Las distintas dimensiones de la persona se relacionan entre sí. Por ejemplo, usted puede sentir que su familia es un apoyo fundamental para seguir su carrera policial, ya que ella lo anima y le da la fuerza para seguir adelante en su trabajo. Pero al mismo tiempo, usted trabaja para ellos y su felicidad le da sentido a su trabajo diario. Si usted se empeña en ser un policía modelo desarrolla una carrera exitosa pero al mismo tiempo crece en su dimensión moral y se constituye en un ejemplo de honestidad, integridad y trabajo duro para sus hijos, colegas, amigos y vecinos. Lo ideal es entonces que las distintas dimensiones de la persona y, en especial, su carrera o trabajo profesional y su vida estén en armonía y se refuercen mutuamente para que pueda lograr la autorrealización.

La autorrealización está acompañada de un gran sentimiento de orgullo por lo que se hace, el cual impacta positivamente en las personas que uno más quiere en el mundo. La autorrealización se persigue toda la vida y en todo momento, pero sus frutos se recogen a lo largo de cada parte del camino.

Por el contrario, cuando la misión no hace un aporte positivo a la comunidad, los sentimientos que se tienen son los opuestos. Cuando se traiciona la confianza pública también se traiciona la propia misión y con ello se pierde la posibilidad de beneficiar a quienes permitieron que uno sea quien es. A esto se une la pena de no ser un buen ejemplo para los seres queridos. Un hijo debe estar orgulloso y no avergonzado de sus padres. Por eso los valores morales constituyen una guía segura para organizar el plan de vida.

Los planes tienen que estar ubicados en un tiempo y lugar determinados. Hoy muchos de ustedes están iniciando su formación policial, aun cuando varios ya tiene experiencia. Por ahora comparten banca, pero pronto irán a realizar funciones distintas. Eso hace que sólo compartan en algunos aspectos el punto de inicio.

6.14. El policía como agente de cambio

Su plan de vida se basa en un presupuesto fundamental sobre el que tiene que reflexionar. El presupuesto es que usted es capaz, con sus apoyos y recursos, tanto personales como institucionales, de resolver los obstáculos y realizar sus acciones clave.

Hay que considerar además que el policía tiene una misión de mayor alcance que la que se le exige al común denominador de la gente. El policía se autorrealiza en el servicio a los demás, de tal manera que es una figura de referencia en su comunidad y un agente de cambio social. Esto significa que se realiza a sí mismo al hacer del mundo un lugar más justo, humano y habitable.

Ser un agente de cambio social significa que las acciones del policía son tan rectas que se convierte en un ejemplo a seguir para sus compañeros y los ciudadanos a quienes sirve. Ser agente de cambio social significa que el policía provoca que, gracias a sus acciones, crezca el buen nombre de la corporación a la que pertenece. En consecuencia, al ganarse el respeto y la confianza de la ciudadanía, podrá realizar mejor su misión de prevenir el delito, mantener la paz pública y proteger los derechos humanos.

Ser un agente de cambio social depende de la fortaleza interior que lo hace capaz de influir positivamente en su entorno para mejorarlo, sin importar los peligros, las dificultades y los obstáculos. La misión del policía es muy exigente, pero nadie puede darse el lujo de que no se cumpla.

Para que un nuevo modelo policial pueda funcionar adecuadamente se requiere que los miembros de la corporación policial confíen firmemente en que será mejor y más eficiente que el actual.

Como parte de un nuevo modelo, debe confiar en que usted es capaz de iniciar un cambio de rumbo; primero en el barrio o colonia que tenga asignada, al que se sumará el esfuerzo de sus compañeros para transformar juntos la región y después el país entero. La responsabilidad que asume implica que se siente capaz de cumplir con la tarea.

Tal vez al considerar los enormes retos desde una perspectiva individual, nos parezcan insuperables, pero si se les enfrenta como un gran equipo y de manera coordinada, la institución policial tiene con qué vencerlos. Es más fácil volar acompañado de todos sus compañeros.

Al mismo tiempo que usted se siente preparado para transformar su medio, sus compañeros sienten lo mismo, cada uno desde su puesto, y entre todos contribuyen a que el conjunto de la institución se fortalezca y se sienta capacitada para cambiar al país. Más aún, con una policía motivada entusiasta, la actitud de cambio se podrá contagiar a los ciudadanos. Los problemas del país son grandes y muchos, todos lo sabemos; sin embargo, poco se dice que la solución está en desarrollar la capacidad de trabajar como un cuerpo unido que confía en su poder.

Un nuevo modelo policial nos invita a terminar con la sensación de que somos víctimas que nada pueden hacer, de fracaso colectivo y de indefensión irremediable. Ser miembro del nuevo modelo policial es apostar por un cambio de la sociedad basado en los grandes valores que nos unen como Nación.

Usted ya es miembro de este nuevo modelo. Poco a poco lo adoptará como propio e irá sintiendo cómo se vuelve parte de un mismo cuerpo. En ese momento sentirá el poder que tiene junto con sus compañeros para convertir al país en un lugar más seguro para usted, su familia y todos los mexicanos.

Para toda persona es importante aclarar cuál es su misión en la vida y realizarla por medio de sus decisiones y acciones. La misión personal es un propósito que le da sentido a la vida, y que si está fundamentada en auténticos valores, lleva a la persona a la autorrealización, entendida como la actualización plena de sus potencialidades humanas.

Para elaborar el plan se parte de la misión que se ha asumido y luego se describe una visión de cómo se quiera ser en diferentes áreas, tales como la personal, la espiritual, el tiempo libre, las relaciones interpersonales, la familiar, la económica, la académica, la profesional y la comunitaria.

Para lograr la visión se establecen a continuación metas concretas para desarrollar cada una de las áreas mencionadas en un tiempo determinado y luego las acciones que se requieren para lograr las metas. Un buen plan toma en cuenta tanto los recursos y apoyos con los que se cuenta para realizarlo como los obstáculos que hay que superar.

En la medida en que el plan de vida y carrera es un proyecto de superación personal y profesional, constituye un compromiso y una responsabilidad.

El plan de vida y carrera de un policía incluye, por fuerza, un compromiso con los altos valores que se derivan de la misión policial. Al encarnar estos valores cumpliendo su misión con honradez y eficacia, el policía se constituye en un ejemplo a seguir para su familia, los ciudadanos y, así, es también un agente de cambio social que contribuye a que nuestra sociedad se vuelva más justa, pacífica, segura y productiva.

Ser policía es portar uniforme y armas, es tener autoridad y tener derecho a ser obedecido. Ser policía es conocer las leyes y los reglamentos, es dominar las técnicas para investigar y someter a los delincuentes. Ser policía es, sobre todo, amar profundamente a México, aquel en el que todos queremos vivir: un México con justicia, con oportunidades para todos, en el que las familias se puedan sentir seguras y los niños puedan ir a la escuela sin temor a la violencia.

Pero hay quienes quieren un México diferente, que por dinero y por poder están dispuestos a hacer de México un lugar lleno de temor, violencia e inseguridad, un México en el que no se respeta la vida, ni la integridad, ni la justicia.

Ser policía es decidirse por el México en el que se respetan la ley y los derechos de las personas, por un México en el que se puede vivir en paz y con tranquilidad, uno en el que la paz permite el desarrollo de todas las actividades que pueden llevar a la población a mejores niveles de vida.

Ser policía es decidirse por un México mejor para nosotros y para nuestros hijos; es un privilegio, porque ser policía es tener la decisión de servir al México que todos queremos hasta el heroísmo. Ser policía es una de las profesiones más honorables que un mexicano puede asumir y merece el respeto y el agradecimiento de los ciudadanos.

Sean cuales sean las razones por las que usted ha elegido la profesión policial, si quiere ser policía, sepa que ha elegido un camino de gloria, pero también de dificultades y de riesgos y que más vale retirarse a tiempo antes que traicionar la confianza que la Nación y lo ciudadanos han puesto en usted.

Fuentes de consulta:

  • Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos (2017).
  • Dammert, Lucía y John Bailey (2005). Seguridad y reforma policial en las Américas. Experiencias y desafíos; México; Siglo XXI editores.
  • Escamilla, G., y Palacios, G. (2013). Manual de Inducción a la Vida Policial. Colección Doctrina Policial, Tomo I. Santa Catarina, Nuevo León.
  • Hinostroza, G. (2007). Fundamentos de doctrina y ciencia policial. Lima, Perú: Editorial Torre Azul.
  • Ley General del Sistema Nacional de Seguridad Pública (2016).
  • Manosalva, Salvador (2002). La doctrina policial y las ciencias policiales; https://criminalisticaencolombia.files.wordpress.com/2010/11/la-doctrina-policial-y-cienciaspoliciales-jose-j-manosalva-salvador1.pdf
  • Palacios, G. (2014). Dogmática Policial. Colección Doctrina Policial, Tomo II. Santa Catarina, Nuevo León.
  • Patiño, H. (2011). Cuaderno de trabajo de la Unidad: Valores éticos y jurídicos. Distrito Federal, México: Universidad Iberoamericana.
  • Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, Valores éticos y jurídicos. Primera edición 2011.
  • Comisión estatal de Derechos Humanos de San Luis Potosí. Manual para la investigación sobre oficiales de seguridad publica y jóvenes en situación de riesgo desde un personalismo tolerante. 2010

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